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Viva, el sentimiento más que el mensaje

  • 4 abr 2017
  • 1 Min. de lectura

En la Cuba precapitalista, Jesús (Héctor Medina) es un chico de 18 años de edad, quien sobrevive y disfruta de peinar a señoras de su vecindario, así como arreglar las pelucas de transexuales que trabajan en un cabaret de La Habana. El mayor sueño de Jesús es convertirse en una dragg Queen de este centro nocturno, con el fin de poder desplegar su homosexualidad. Pero para ello, antes tendrá que lidiar con su padre, un ex campeón de boxeo que recién acaba de salir de la cárcel tras cumplir una condena de 15 años por haber asesinado a un hombre, y quien lo único que desea es retomar su vida al lado de su hijo.


Ha pasado un largo tiempo desde que se filmó en Cuba la película Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabio, una de las primeros filmes acerca de la homsexualidad

en aquel país, justo en tiempos en cuando la isla todavía aspiraba al socialismo de Castro. En la Cuba actual, el tema de la homosexualidad está siendo manejada de una manera más libre y realista.


No es la aceptación familiar o la soledad del ser humano lo importante de la cinta; es la narrativa que permite a los actores desarrollar una actuación digna de elogio, y que es lo que más se disfruta e importa, sin dejar de mencionar la apertura de género.


 
 
 

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